San Juan de
Pasto, 15 de junio de 2020
Mi Juanchito:
Nos conocemos
desde que teníamos siete años siendo compañeros en El Principito. Desde
entonces, cada tanto nuestras vidas se juntan y el destino nos pone a compartir
la misma mesa. Como en la infancia y, como siempre contigo, todo está dispuesto
para la creación: la hoja en blanco, los lápices de colores, la plastilina, la
voz.
Hoy acudo a tu
llamado, a este de encontrarnos para “celebrar, resistir, celebrar para
resistir”, justo en este 2020, año en el que el miedo y el amor se magnifican,
año en el que debe quedar claro que todos somos uno.
Todo está sobre
la mesa. Nos junta el cariño. Mientras hablamos trazas sombras, dibujas
rostros, te dibujas. Nos cuentas de tu afán por aportar desde esto que haces
desde niño con el juego y la magia. Nos hablas de cómo te conmueven las manos
que desde hace noventa días recogen los insumos, preparan con amor los
alimentos y los entregan a quienes habitan las calles, a quienes el hambre
apremia y el frío paraliza.
En medio de la
conversa salen los diablos de colores, aquellos que desde el año anterior
moldeas y que ahora han encontrado su destino: servir de ofrenda para sumar al
alimento solidario. También llegan las letras contestatarias y propositivas que
en tu voz hacen eco, que van más allá de la indignación, que hoy convocan a la
solidaridad.
La mesa, la
nuestra, está servida, la de ellas y ellos, quienes habitan la noche está a la
espera del alimento que los humaniza. Hago votos para que pronto ellas y ellos
preparen sus propios alimentos, para que en torno a la mesa de su casa puedan
conversar con sus amigos, pintar mundos, soñar sin reserva.
Mientras tanto,
necesitan de los seres alados que con cada plato les recuerdan su humanidad.
¡Te quiero!
G.

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